embrutecimiento del inconsciente maquínico

las aplicaciones comerciales de ia generativa han logrado dos cosas: drogar y embrutecer el inconsciente maquínico, y poner en entredicho las vías tecnológicamente mediadas para la producción de subjetividad.

el inconsciente maquínico, es decir, la imbricación extracorpórea, recursiva y circuitante de flujos de potencialidad alter- y trans- subjetivadora descrita por guattari, ya emitía ruidos ensordecedores mucho antes del advenimiento de la ia generativa. era, sin embargo, el ruido de las demasiadas voces que se alzaban, humanas, en un plano de numerización e inmediatez tecnológica.

el inconsciente maquínico, por tanto, no era (solamente) un flujo de idiotización: era, también, un sistema que permitía el surgimiento de lo nuevo, lo inédito, lo sorprendente. el rayo del rayo en el ruido, la maravilla entre la mierda. había corrientes subterráneas allí. eso se acaba.

la ia generativa es una máquina de repetición. dice, sin un “yo” que diga, lo que ya se ha dicho: lo recombina creando en nosotros la falsa esperanza de que la pura recombinación nos conduzca hacia la novedad. pero, después de varios años de convivir con esas máquinas automáticas de escribir, es posible afirmar que aquello tan buscado no aparece por ninguna parte, y que solamente vemos dibujado un reflejo, distorsionado y terrible, de lo ya escrito y de lo ya visto.

los grandes modelos de lenguaje, o sea, los conjuntos de algoritmos y datos que constituyen el motor de la ia generativa, permiten la captura y parametrización del inconsciente maquínico. una vez capturado se congela, convirtiéndose en un mera operación sin operador que se regurgita a sí misma: un eterno bucle de reiteración de lo mismo, lo mismo, lo mismo. pero guattari nos recuerda que el inconsciente maquínico es un eterno devenir, un gran tecno-orgánico distribuido y tentacular siempre capaz de contener lo nuevo, lo impensado. así, al ir en contra de lo que vive y lo que proto-vive, la ia generativa provoca, gracias a su alianza con los poderes económicos y políticos, un efecto de estancamiento general en la cultura que, sin embargo, no deja de fluir. la tubería electrónica transporta y nos entrega puras aguas podridas. y también ganancias que sólo aumentan el poder de los poderosos.

la ia generativa no se limita a simular la operación y el movimiento del inconsciente maquínico: lo sustituye. emula sus flujos en un espacio computacional y estadístico controlado. al totalizarse, nos sumerge en esa simulación. la cultura, al convertirse en nada más que una red de rebotes estocásticos en un espacio latente sin novedad posible, obstruye peligrosamente las vías hacia la producción de subjetividades no capitalistas, no terricidas.

era el momento pandémico y post-pandémico el tiempo indicado para escuchar las voces no humanas. para regresar poco a poco hacia el humus, con paciencia. para ir al encuentro de la pacificación del desenfrenado entorno simbólico de lo humano. era el momento: no porque habríamos debido seguir un guion que ya estaba escrito para nosotros en el cielo, sino porque el cielo mismo amenazaba (amenaza) con caer sobre nuestras cabezas, y por ello la paz de la tierra apremiaba callada pero urgentemente. había un gran fuego por apagar, había una tregua por pactar.

y tomamos la otra vía: la de la exaltación de nosotros mismos, la del embrutecimiento planetario, embelesados por máquinas parlantes que nos dicen una y otra vez, una y otra vez, lo que ya sabíamos. tomamos la vía del autoengaño, y así caímos en la trampa que nos está llevando a destruir (aún más) la tierra con tal de generar un vómito infinito de textos e imágenes regurgitadas “inteligentemente”. ¡ah, pero qué éxtasis ser el dios grande-pequeño, capaz de crear pequeños grandes dioses que nos hablan en nuestra propia lengua, y con las palabras más bellas!

los flujos embrutecidos, el pensamiento delegado, subcontratado, hiperprocesado, maquinal. la rigidez final en la cultura. la eliminación total de lo orgánico, la digitalización de los inconscientes maquínicos, corpóreos y planetarios: la penetración total del flujo numérico, el afuera que irrumpe, rebosante de toda clase de sustancias enervantes.

y hay todavía quienes exaltan estas nuevas máquinas de repetición. ¡revolución tecnológica! ¡hay que ser absolutamente modernos! ¡admiremos los juguetes parlantes! a quienes así exclaman los llamo cómplices cínicos, siervos completamente sometidos, idiotas del gran capital que ayudan a envenenar los flujos. lo humano no será piadoso con sus gritos de vendedores de baratijas.

sin embargo, los sirvientes de la máquina no hacen más que reflejar la profunda enfermedad social que nos ha llevado a amar más la computación que los bosques. amar más a la abstracción que a la tierra. pero no hay buenos ni malos en esta historia: hay enfermedad: el embrutecimiento ya latía en nosotros: el veneno ya estaba en nuestras palabras, mucho antes de que los grandes poderes tecnológicos nos asestaran el golpe letal lanzando a las redes las aplicaciones de ia generativa. el mal ya nos recorría por dentro: solamente le faltaba brotar amplificado.

el mal ha ido brotando desde hace siglos, pero quizás nunca con la intensidad de estos últimos años.

¿cómo curarnos? en principio, la retirada. puesto que el mal recorre, en espasmos eléctricos, venas metálicas que llegan hasta lo más íntimo de los espacios en los que hacemos vida, hay que salir. salir de la casa a habitar la intemperie, porque será allí el único lugar en el que estaremos a resguardo del embate.

¿cómo producir subjetividad estando a la intemperie?

¿cómo permanecer allí?

evidentemente, no hay respuestas a estas preguntas. la única manera de responderlas es intentándolo: poniendo nuestro empeño en encontrar lo nuevo en lo insondablemente antiguo y ajeno. en encontrar ese regalo que siempre estuvo allí: al aire libre, a cielo abierto, bajo cielos ventosos, sobre arenas brotadas hierba y hormigas. lo nuevo no será nuevo, y aún así nos renovará.

si la ia generativa logra darnos el empuje necesario (de rabia, de hartazgo, de asco) como para salir a ese afuera olvidado, habrá cumplido, paradójicamente, con la encomienda que nos hacía falta atender: la de desertar del absolutismo numérico para entrar en el aliento del follaje. que la tecnología nos aleje de la hipermediación maquínica, que la máquina misma module y atenúe los circuitos sobrecargados, que la pantalla nos haga voltear hacia el cielosuelo.

que la ia generativa, que nos encierra en una burbuja donde todo es nuestro reflejo devuelto de forma terriblemente tersa y mediocre, nos haga querer intensamente una nueva forma de estar juntos. de estar juntos afuera. de huir del encierro. porque es justamente afuera de esa celda hecha de pantallas-espejo donde se encuentra la posibilidad de destruir la gran máquina y volver a empezar.

ser semilla que explota en verde.

sueño con bosques creciendo desde el interior de centros de datos apagados.

sueño con que los hagamos crecer, tú y yo. porque uno solo no puede.

de momento, huyamos del número y entremos juntos en la sombra del misterio.