artículo publicado en el número 57 de la revista ecología política.
el consenso que en occidente nos permite considerar ciertos artefactos, representaciones y prácticas como arte ha sufrido diferentes transformaciones históricas, en resonancia con los tonos cambiantes de los tiempos. la visión del arte como una esfera autónoma, cuyo único objeto es ser un fin en sí mismo y con repercusiones limitadas al goce o al cultivo espiritual, fue radicalmente impugnada por las vanguardias artísticas del siglo xx. dichos movimientos atacaron la supuesta autonomía del arte e inventaron nuevas formas de imaginar, producir, difundir y apreciar el trabajo artístico. de este modo, postularon la idea de un arte plenamente consciente de sus funciones sociales y políticas y, por ello, en estrecha interdependencia e implicación crítica con otros ámbitos de lo humano. el arte autónomo se vuelve heterónomo y cuestiona los principios que daban fundamento a su autonomía. en este texto, me concentraré en exponer cómo la crítica al genio del autor individual ha derivado en la colaboración multivocal de las autorías colectivas, y cómo este nuevo hacer artístico resuena con los cambios de paradigma que el antropoceno demanda.