respirar así, pesado, como cuando el corazón se hunde en la sangre del pecho. así, casi sin voz a mis cincuenta y dos años, dejo que salga la otra voz, la de más adentro. dice: se acabó, guarden sus fuerzas. Ya no se agiten porque viene una larga pausa de calor, y hay que dormir bien profundo para poder despertar cuando se acabe. para aguantar. no gastarse, dice, y yo acá, con el aire que entra apenas, que entra como raspando las paredes de mi garganta.

leer ‘fuego dormido’: http://motorhueso.net/fuego_dormido