copia el código que aparece aquí debajo, pégalo en un editor de texto simple, guárdalo como “amazon.html”, haz doble click sobre el archivo para que aparezca en tu navegador, y observa cómo se despliega el capitaloceno.
el código es el vector que transforma tus deseos en datos // el código extrae los deseos de tu cuerpo, los entrega a la máquina y los transporta a través de todas las capas // el código es lo que conecta el vacío infinito de tu aburrimiento con la tragedia de las selvas quemadas.
como puedes ver, el código de amazon.html está escrito en un formato comprimido que complica su lectura y comprensión. hay una razón importante para ello. quise transmitir la idea de que el código de esta pieza era algo condensado y obscuro, como una pequeña píldora cuyos contenidos sólo se vuelven evidentes una vez que ha sido ingerida. o como el material genético de un virus, encerrado en su capa de proteínas y lípidos, esperando el contexto necesario para su activación. código que se esparce: pequeño y aparentemente insignificante, fácil de copiar y pegar y, a pesar de ello, críptico e inmanente.
para acompañar amazon.html, escribí que el código es el vector de los deseos humanos. sin embargo, al crear un código extremadamente condensado, quise además sugerir una idea complementaria: que los humanos somos vectores de los deseos del código. creo que el código tiene una agencia que va más allá de su mera ejecución, y que está basada en su deseo de proliferar… una especie de animismo digital, si se quiere, que también puede ser observado en las formas humanas de escritura y en otras tecnologías.
a lo largo de nuestro acontecer cotidiano ayudamos al código a proliferar: no solamente al copiarlo, pegarlo o ejecutarlo, sino también al darle lugar y vida con nuestros propios cuerpos. no estoy pensando necesariamente en el código informático… tomemos en cuenta el modelo del homo economicus como código de conducta, por ejemplo. de acuerdo con este modelo, se supone que deberíamos evaluar todas las actividades y eventos de nuestras vidas en términos de costos y beneficios, de racionalizaciones y optimizaciones. ¿hasta qué punto está presente este código en nuestras acciones y decisiones diarias? quizás mucho más de lo que pensamos. quisiera sugerir que existe una relación entre los efectos negativos de tales comportamientos codificados y el predicamento del capitaloceno, al que entiendo como una especie de “inteligencia artificial ambiental”, compartida tanto por humanos como por máquinas, que interpreta y produce al mundo como un sistema compuesto por números. es así como todas las cosas que hay en el mundo pueden ser medidas.
si es posible apreciar el universo entero en un grano de arena, tal como lo vislumbró william blake, entonces podríamos decir que cada fragmento de código carga dentro de sí una visión muy específica del cosmos: un cosmos enteramente formado por números, en el que todo se puede conocer sólo a través de procesos de numerización. pero ¿qué sucede cuando todas las cosas pueden ser traducidas al lenguaje abstracto y libre de ambigüedades de los números? ¿nos convertimos en números nosotros mismos? los números forman series, y por ello pueden ser intercambiados entre sí infinitamente. ¿qué sucede con las formas de vida terrestres, humanas y no-humanas, cuando son consideradas como meras unidades numéricas, abstractas e intercambiables? desde mi punto de vista, esta pregunta condensa la esencia del predicamento del capitaloceno. la pieza amazon.html quiere sugerir que cargamos al código tanto como el código nos carga a nosotros, y que de esta relación recíproca emana un cosmos modelado según la lógica numérica de la computación. un efecto negativo de esta “feroz matematización” de la vida, como diría franco berardi, es, entre muchos otros, la destrucción de ecosistemas forestales en aras de obtener beneficios económicos.