arrullar al demonio que nos puede: sedimento ((:))(:(:)(:(:)))

ahora bien, ¿qué trazas de voluntad mineral, geológica, tectónica, telúrica se pueden hallar entre los estratos de nuestro lenguaje moribundo? ¿de qué forma acentúan los sismos nuestras palabras? ¿cómo cambian nuestros matices y metáforas cuando la tierra nos mueve? más allá de los cansados juegos de palabras (corazón de piedra, piedra en el zapato, piedra en el camino) (reproducidos como ritornelli para espantar el miedo que infunde la voluntad ctónica), ¿qué aspectos de lo que hablamos se transforman, y cómo, después de haber sido vehículos de lo profundo? [la voluntad de la tierra en convulsión interfiere el espacio-tiempo que emanan todos los objetos que hay sobre ella: los hace oscilar modulando sus emisiones, de tal manera que, por momentos, todo se mueve al unísono: todo emite el mismo espacio-tiempo: todo se mueve al compás de un sólo canto: el canto telúrico. es justamente esa sincronía lo que aterra: xenosincronía.]

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